El marketing seca el sentido de las palabras, por lo que se entiende que la política de hoy se haya convertido en un enorme secadero semántico. Y es que, después de haber sido utilizadas por todos en todos los contextos y de cualquier manera, las palabras pierden el interés de lo singular y quedan como vacías, sin peso, vulnerables.
Quizás una de las víctimas de este uso logocida ha sido “sostenible”. Sostenible se ha utilizado para todo: para el desarrollo, la ecología, el transporte, la agricultura, la arquitectura, la seguridad, la democracia, la paz… incluso ha dado nombre a una ley (que no lo merecía), la Ley de Economía Sostenible del último gobierno socialista.
Y es quizá por esto último, por la paternidad socialista de esa Ley y por el monte que el resultado de las elecciones generales ha llenado de orégano para los dirigentes del Partido Popular, que el Secretario General de éste –Javier Arenas- afirme con ganas que está harto de la milonga economía sostenible.
Lo curioso es que esa hartura mitinera le ha llevado al candidato a dotar nuevamente de contenido a la sostenibilidad, ya que a ella ha contrapuesto (en coherencia con Arias Cañete) el turismo, la agricultura y las zonas residenciales.
En resumen, algarrobicos frente a doñanas.

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